martes, 27 de julio de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

La adopción por parejas homosexuales


Las recientes reformas al Código Civil del Distrito Federal, como es sabido, reconocen el derecho que tienen las parejas entre personas del mismo sexo para contraer matrimonio, con absolutamente todas las consecuencias legales inherentes.

Un amplio sector social, liderado por la jerarquía católica y el PAN, ha manifestado su rechazo a este avance legal. Sin embargo, toda vez que no se afectan, en general, derechos de terceros, bien poco vale la oposición de la(s) iglesia(s) y todo el séquito de que se quieran acompañar.

Aunque la gravedad de estos despropósitos no es el motivo de esta entrada, no deja de resultarme inexplicable cómo el reconocimiento de los derechos de alguien, que en nada atentan contra los de otros (por ejemplo, que con esta reforma se quitara valor a los matrimonios heterosexuales) pueden ser objeto de escrutinio o cuestionamiento.

¿Por qué habría de negarme a que se concedan derechos que en nada chocan con los míos? ¿Qué mal me hace que dos hombres o dos mujeres decidan hacer vida en común y que la ley les reconozca ese estatus?

Supongamos que existe eso que llaman "pecado" y que, efectivamente, la homosexualidad lo fuera... ¿No le corresponde a cada individuo decidir si va al cielo o al infierno? ¿Acaso no ese dios que se cita para condenar a los homosexuales otorgó libertad para que cada individuo decida si le sigue o no, si cumple sus preceptos?

La función de los guías espirituales es expresar libremente su postura al respecto, convencer a las personas de que dicen "la verdad" y persuadirlos de ajustarse a los principios que les rigen como feligreses o creyentes, pero no pretender que sus creencias se impongan por el Estado, pretendiendo evitar los pecados mediante la manipulación de la ley de acuerdo sus creencias (Aprovecho para preguntar: ¿es más pecado tener relaciones homosexuales si están casados por lo civil que sin casarse? Si el pecado es igual, ¿qué caso tiene la oposición? ¿Y por qué oponerse al reconocimiento legal de estas uniones si el matrimonio civil no vale a los ojos de su dios, sino solo el religioso, según postura de la Iglesia Católica?)

En fin. La cuestión cambia, cuando menos en el análisis, cuando nos referimos a lo que se encuentra en el centro del debate respecto de estos recién reconocidos matrimonios, que es el tema de la adopción. Aquí ya no podemos sostener que bajo ninguna circunstancia se afecta a terceros.

Existe la posibilidad (cuando menos argumentalmente) de que haya un tercero que pudiera ser afectado; además, ese tercero, por su condición de minoridad, tiene una protección que tiene en cuentra su "superior interés". En otras palabras, si chocan los derechos de un adulto con los de un menor, va a salir perdiendo el adulto, heterosexual, homosexual, asexual o lo que sea (que la preferencia sexual nada tiene que ver con el reconocimiento de los derechos fundamentales).

En las circunstancias descritas, se ha pretendido que ese interés superior se erige en obstáculo para que las parejas homosexuales adopten. Se dice que aumenta el riesgo de que los menores criados en esas condiciones sean homosexuales (¿riesgo? La frase en sí misma encierra discriminación, como si se tratara de algo negativo per se). Además, se sostiene que se generarán graves perjuicios psicológicos a los niños, "confundidos" porque tienen dos papás o dos mamás, amén de la discriminación de que serán objeto por parte de otros niños y del resto de la sociedad.

Otras simplezas por el estilo se han esgrimido, pero es oportuno ocuparnos de éstas, las más reiteradas y, al parecer, las más "sólidas".

En primer término, no es México lugar del mundo en que se da esta circunstancia. Atención, que ello significa que hay niños, en otros países, que ya han sido adoptados por parejas homosexuales y, hasta ahora, esas sociedades no se han ido en picado al fin de la civilización.

Si bien es cierto que la posibilidad de causar daño a un menor es razón suficiente para frenar cualquier iniciativa, también lo es que, desde esa perspectiva, tendríamos que prohibir a casi todos tener hijos, porque, he aquí una notable (y lamentable) primicia: ni homosexuales ni heterosexuales son perfectos (¿sorprendidos?). Y eso, porque la valía de una persona no puede ser evaluada basados en que prefiera besar (y más) a hombres, mujeres o a ambos, ultimadamente.

No hay, hoy en día, ninguna razón fundada para pensar que un niño criado en un hogar con padres del mismo sexo tenga una mayor tendencia a ser homosexual (aunque si así fuera no pasa absolutamente nada). Pero, un momento, si hasta ahora las parejas homosexuales no tenían reconocido el estatus jurídico... ¿De dónde han salido los homosexuales actuales? Porque hasta ahora, que yo sepa, en México sólo había matrimonios heterosexuales... ¡Cómo! Es decir que los homosexuales de ayer y hoy (y los del futuro, a no dudarlo) proceden de matrimonios heterosexuales... Vaya descubrimiento.

Después del shock causado por las revelaciones que acabo de hacer, la pregunta es obvia: ¿cómo hay preferencias sexuales diversas si no se habían reconocido los matrimonios homosexuales? Ah, miren ustedes. Aparentemente la "imitación" no define la sexualidad de una persona. Otro descubrimiento nobelístico (de Nobel, no de novela). Y si la imitación no es causa de las preferencias sexuales ¿cómo puede un niño criado por adoptantes del mismo sexo ser homosexual por imitación? ¿Acaso nunca oyeron hablar de niños criados en familias enteramente de mujeres?

Es más, en términos generales, presencia o no de una "figura paterna" ¿no hemos sido en nuestra inmensa mayoría criados por una mujer (madre, maestra, tía, abuela, educadora, nana, etc)? Ah, entonces todos hemos asumido el rol femenino en nuestras vidas, de tanto verlo, porque... Cómo ¿no es así? ¡Ah, qué alivio! El ser criado por una mujer no convierte a un hombre en mujer, y podemos suponer que una mujer criada por hombres no se convierte en hombre. Qué día tan productivo. Aunque siguiendo la línea argumental expuesta por los detractores de la adopción por parejas homosexuales, si me crió mi mamá, y a mamá le gustan los hombres, aunque soy hombre, seguro que a mi también me gustan los hombres y aquella niña, que tanto convivió con su papá, como a papá le gustan las mujeres, se enamoró de su compañerita de trabajo... Basta de sandeces.

Me imagino que, quienes piensan que esto es posible, saben que, de haber sido criados en un hogar con padres del mismo sexo, serían gays o lesbianas. Así de firme es su convicción respecto del por qué de sus preferencias sexuales.

Respecto de la "confusión" de los niños con dos papás o dos mamás, por favor: seguramente se confunde más un niño a quien la persona en quien más confía para que le proteja, que es su padre o su madre, le cae a golpes. Eso sí que es motivo de confusión. Pero esta clase de argumentos se dijeron en su momento contra el divorcio (los hijos de los divorciados se van aconfundir porque no verán a su papá todos los días y los demás sí); en contra de la posibilidad de contraer matrimonio por segunda ocasión (los hijos del primer matrimonio no van a entender por qué tienen una mamá y dos papás y sus compañeritos solo uno de cada uno); para discriminar los hogares uniparentales e, incluso, negarles el acceso a la educación en algunos casos (los hijos de madres solteras se van a confundir porque no tienen papá, y los hijos de hogares "normales" también se van a confundir y van a pensar que se puede tener hijos sin casarse... Sorprais: se puede).

Por supuesto que se generarán dudas en el niño respecto de su condición familiar, pero no distintas de las del niño en cuya casa vive la abuelita (¿por qué en la casa de mis amiguitos no está su abuelita?), o el que es hijo único (¿por qué Rosita tiene hermanitos y yo no?), o el que, en fin, tiene una familia con diferencias respecto a otras.

Ahora, el tema de la discriminación es el colmo, ese sí que es un exceso. Los niños van a ser discriminados, y por eso, que no puedan ser adoptados por parejas homosexuales, mejor que se queden en el orfanato.

Es decir, una culpa social se carga sobre las parejas homosexuales a quienes se les quiere negar, irracionalmente, el derecho a adoptar, y también sobre los menores a quienes se les niega la posibilidad de ser acogidos en un núcleo familair estable porque van a estar rodeados de la intolerancia social. Pero aquí en México también se discrimina al indígena. Entonces, hay que prohibir que los indígenas tengan hijos, y si los tienen, que no estudien en las ciudades, porque ahí van a ser discriminados, que se queden en sus pueblos (lo verdaderamente triste es que muchas de personas piensan de esta forma).

También los hijos de padres divorciados fueron discriminados; también los que crecimos en algún momento en un hogar uniparental fuimos discriminados. Y los morenos, y los bajitos. Pero eso no se evita suprimendo a los padres divorciados o los hogares uniparentales, ni exterminándonos a los morenos ni evitando que los padres de corta estatura tengan hijos para que estos hijos, que por genética tienen mayor riesgo serán bajitos, no sean discriminados.

Si en verdad estas personas están preocupadas por la discriminación que puedan sufrir los niños adoptados por parejas homosexuales (o bien, que sean hijos biológicos a través de la inseminación artificial o de un vientre alquilado), entonces deben abandonar su discurso de odio e intolerancia.

Deben promover lo que se supone que les enseñan sus religiones, que es el amor a su prójimo. Deben hacer campañas para que vivamos en una sociedad más justa, más equitativa, más respetuosa, campañas dirigidas a los niños para que comprendan que no hay que temer lo que no es como nostros, que las diferencias no son objeto de burla, que no son un sino negativo, que son simplemente eso, diferencias.

Cierro con tres anécdotas que hacen una: en un supermercado, una pareja de jóvenes con su hijo de, aproximadamente, año y medio, sentado en el "carrito". Están en la zona de juguetes, y el papá toma una caja con una pista de carreras. El niño estira la mano para alcanzar la caja que tiene el papá, y el papá... ¡Zaz! ¡Le da un revés en la boca, sin decir ni agua va! En una tienda departamental, en el elevador, se sube una pareja con su nena en carriola, también, de poco más de un añito; la nena empieza a llorar y el papá le grita "¡CÁLLATE!" empujando con violencia la carriola contra la pared del elevador. En la película Sherlock Holmes, una pareja lleva a ver la función a su hijo de algo así como tres años. En pantalla se suceden imágenes de golpes, sangre, disparos, ahorcados. El niñito decía cosas como -"Por qué lo ahorcaron, papá?" Y el papá, academicísticamente: "Porque es el malo" (hombre, qué buena lección: si "es el malo" se justifica su ahorcamiento); o "¿ya lo mató papá?" -"Sí, ya lo mató". A un niño de tres años.

En verdad ¿cree alguien que importa la preferencia sexual de una persona para definirlo como buen padre o buena madre? Estos tres niños, estoy convencido, crecerían con menos cicatrices emocionales en muchos otros hogares, fueran de un padre, de dos madres o lo que fuese, siempre que hubiere amor y sentido común en lugar de violencia y desprecio por su desarrollo emocional.


El Salamandra